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Descripcion
—Bueno, ahora lo esencial es que internes a Nico y tú te dediques a viajar. En cuanto a tu fortuna, tu madre y tu hermano se ocuparán de administrarla. Yo entiendo que es hora de que emprendas un viaje y te diviertas, que bastante hiciste ya de enfermera. Hay que tener en cuenta, digo yo, que sólo tienes veintitrés años y llevas cinco cuidando al enfermo, de modo que… —Mamá… —De modo que lo natural es que encuentres un hombre a tu medida y te cases. Pero como es lógico tendrá que ser un hombre tan rico corno tu difunto marido, ¿No es así, Serafín? Mira, mira, tu padre piensa como yo, y tú, Paulino, deja de hacer bolitas y da un consejo a tu hermana. Tú eres un hombre de mundo y sabes bien cómo andan las cosas en la sociedad. Tú, Betty, estuviste demasiado tiempo cerrada en esa jaula de oro y es buena hora de que salgas, te diviertas y como es normal tu hermano… —Mamá… —Tu hermano será quien te introduzca en esa sociedad de la cual has salido al casarte. Porque una cosa era ser la esposa de un millonario y otra que ese millonario fuera maniático, viejo y enfermo. De modo que… —Basta, mamá —cortó Betty sin alterarse—. El cadáver de Javier aún está caliente. Paulino, que dejaba en aquel momento de hacer bolitas de los hilos que sacaba del encaje que cubría el brazo del sillón, alzó indolentemente los ojos. —Lo hemos dejado bien cerrado en el panteón familiar —gruñó—. De modo que estará más frío que un carámbano. —No me gusta que se hable así de una persona con la cual viví cinco años, y si bien no amaba con amor de mujer, sí que apreciaba profundamente con afecto de hija.
Opiniones Nunca renunciaré Corín Tellado