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Descripcion
SE llamaba Brett de Brando, tenía treinta años, era americano, y vivía como un cerdo.Punto.Y lo del cerdo no es un decir, pudiendo añadir que no se le hacía ningún favor a los cerdos comparándolos con Brett de Brando. Para colmo de males, ni siquiera sabía tratar a las mujeres, fuesen negras o blancas. Eso sí: no le importaba que fuesen negras o blancas. Que no era racista, vamos. Lo mismo se tiraba una negra, que una blanca, una amarilla o una esquimal pintada a cuadros.Porque eso sí le gustaba: darle gusto al cuerpo. Por lo demás, ahí se las diesen todas.Por ejemplo, vivía en algo parecido a un estercolero situado en una buhardilla de uno de los bajos edificios medio podridos sitos en el puerto de Gonaíves, en Haití. En el Caribe, vamos.¿Que cómo había ido a parar allí un sujeto de las posibilidades físicas y mentales de Brett de Brando? Eso ya es historia para otro libro, de modo que digamos que según los baremos mundiales de las posibilidades humanas el tal de Brando merecía mejor acomodo en la vida. En el puerto se decía que estaba allí huyendo de las autoridades norteamericanas, que lo buscaban para juzgarlo por un delito de sangre.
Opiniones Confidencia por confidencia Lou Carrigan